THE GROVE WALK

Dirección / Cámara / Edición / Montaje / Musica : Alejandro Ramírez Ariza

Año: 2017

Duración: 64 min

Audio: Ingles / Español

Formato: HD

The Grove Walk es un viaje personal, cargado de emociones contenidas y explícitas, que no deja indiferente. La película se desarrolla en Norwich, una ciudad del este de Inglaterra donde el artista se desplaza para visitar a su familia paterna, sumida desde hace tres años en una delicada situación cuya dificultad no deja de crecer. Su tía Cristina padece Alzheimer, enfermedad que ha golpeado con fuerza a la rama femenina de esta parte de su genealogía: su otra tía también lo sufre y su abuela murió de ello. En las escenas documentales vemos como los familiares más próximos, el hijo y el marido de Cristina, están haciendo frente al proceso de formas muy diferentes. El primero, John, está inmerso en la lucha, se rebela contra la enfermedad y, la imposibilidad de frenarla, le está consumiendo por dentro. Ya no sabe cuándo dejará de sentir esa presión constante ni si podrá volver a ser el mismo. El segundo, Mike, ha construido un muro enorme para no mirar al problema de frente, convirtiéndose casi en un mero espectador. Sobrepasado por el peso agobiante de las circunstancias, permanece impasible y procura centrarse en lo anecdótico. Por las noches, llora. Su mujer ya no está.

En medio de esta vorágine emocional, sin apenas hacer ruido, el artista se introduce en el escenario como un intruso cercano, arbitrando una relación en la que las tensiones y los enfrentamientos se han ido agravando con el tiempo. Los planos profundos y fragmentados de la casa anuncian la complejidad de los personajes y las capas de significado que convergen en cada episodio. La cámara se posa con sigilo sobre los muebles como un objeto más, tornándose invisible. Frente a ella, los acontecimientos cotidianos, las conversaciones íntimas y las visitas a la clínica Two Acres, suceden con naturalidad. El resultado es un magnifico retrato coral que lucha por reconstruir una identidad en el límite del desvanecimiento.

Cristina es el motivo de la película, pero no la protagonista. Ella aparece lejana, con dignidad y ternura, mostrándose alegre cuando su hijo va a verla y toca el piano para hacerla conectar. La música – desde Vivaldi a Chet Baker – es un elemento clave durante toda la filmación que actúa como hilo conductor de emociones. También añade una fuerte expectación que se ahoga en el vacío. Cristina siente la música. Cuando está sola parece divagar en su propio mundo, en su mirada se intuye la ausencia, la atemporalidad, el desorden interior que se aplaca con la repetición de gestos. Como si los movimientos compulsivos fueran los únicos capaces de aportar algún tipo de continuidad al contexto, algo a lo que aferrarse. 

La pieza es un artefacto visual que combina el documental con una serie de versos libres del archivo personal del artista. La aparente la arbitrariedad de los enlaces alude al carácter volátil e indeterminado de la memoria de Cristina. Por otro lado, los juegos de imágenes – unidos a los capítulos de realidad – activan conexiones aleatorias en el cerebro, permitiendo construir un relato propio. Los saltos son tan abruptos como sugerentes. Del sueño profundo y desconcertado de una mujer en el avión a un tractor encallado en la nieve, envuelto en el humo que él mismo expele: sutil metáfora del bloqueo y la barahúnda mental que la propia psique es capaz de generar. 

El despertar de la sinrazón también produce monstruos. Cierra los ojos.

Nerea Ubieto